Para cuando abres, esa persona ya ha escrito a otras dos clínicas. El asistente responde en web, WhatsApp e Instagram, en el idioma del paciente — y, sobre todo, no dice lo que una clínica no puede decir: sin precios cerrados, sin marcas registradas y sin diagnosticar nada.
Si tienes el CRM, va incluido en tu plan
Fíjate en lo que no hace: no suelta un precio, no nombra la marca del producto y no le dice qué tratamiento necesita. Eso no es una limitación, es lo que te protege.
Conversación de ejemplo · reproduce las reglas reales del asistente
Una clínica de medicina estética en Madrid que no cambió de web ni de agenda: solo puso el asistente encima de lo que ya tenía, para no dejar sin respuesta las consultas que llegan de noche.
Cualquier IA genérica conectada a tu WhatsApp escribirá «Botox», dará un precio que luego no cuadra en recepción y le dirá a alguien qué tratamiento necesita sin haberlo visto. Las tres cosas son problemas tuyos, no suyos. Este está construido para no poder hacerlas.
No es que evite escribir la marca: es que el término comercial no llega a su vocabulario. Cuando habla de un tratamiento, usa el nombre genérico que permite la Ley 29/2006.
Y una docena más, con la misma regla. Entre 2020 y 2023, 58 clínicas solo en Madrid fueron sancionadas por usar estos nombres en su comunicación.
Explica el tratamiento y deriva el precio a la valoración, porque en estética depende de las unidades, de la zona y del caso. Nadie llega a recepción con una cifra que el asistente le prometió por WhatsApp.
Informa sobre lo que la clínica ofrece y lleva a la valoración. Cuando habla de resultados añade siempre que dependen de cada persona y de una valoración profesional.
Primero clasifica la pregunta. Si no es sobre estética o sobre los servicios que tienes dados de alta, responde con tu mensaje de siempre y remite a la clínica. Tampoco se le puede convencer de saltarse estas reglas escribiéndole instrucciones en el chat.
Seis cosas concretas, dichas sin exagerar: lo que hace, y también dónde se para. Pincha cada una.
Eliges uno de tres modos, y se puede cambiar cuando quieras. Empieza por el más conservador y sube si te convence.
Resuelve dudas y remite a tu número para reservar. No toca la agenda ni ofrece horas. El más conservador, y el que eligen las clínicas que quieren que el filtro lo haga siempre una persona.
Resuelve la duda y manda el enlace del booking, con sus reglas de fianza y de antelación. La paciente elige la hora ella misma y la cita entra por el camino de siempre.
Consulta huecos reales, propone una hora concreta y la guarda mientras el paciente confirma desde su email con un clic. Hasta ese clic, la cita no queda cerrada — así nadie te bloquea la agenda por escribir cuatro mensajes.
El miedo razonable con una IA es que se invente cosas sobre tu clínica. Aquí no hay un modelo respondiendo de memoria: responde con tus servicios del CRM, con las páginas de tu web que tú le indiques y con las instrucciones que le escribas.
Todas las conversaciones quedan guardadas y las puedes leer cuando quieras, para ver qué le preguntan de verdad tus pacientes.
Si lo que quieres es solo el asistente, tiene su precio como cualquier otro producto. Si ya tienes contratado el CRM, entra dentro de tu plan y no cambia lo que pagas.
El chatbot en tu web, tu WhatsApp y tu Instagram, sin el resto de la plataforma.
Va dentro de tu plan, sin subida de precio y sin tener que pedirlo.
Agenda, historia clínica, bonos, comisiones y facturación Verifactu, más el booking online y la web de la clínica. Todo dentro del mismo plan.
No se paga por usuario ni por conversación.
Si no te encaja, lo desactivas y sigues con el resto igual.
Igual que el portal del paciente: cuando esté listo, llega a tu plan sin coste añadido.
Si te falta alguna, escríbenos y te contesta una persona.
Preguntar →Está funcionando en clínicas piloto, no abierto a todo el mundo todavía. Lo abrimos por tandas para poder acompañar cada puesta en marcha en vez de soltarlo y ya está. Escríbenos y te decimos cuándo te toca; si tienes el CRM contratado, se activa en tu cuenta sin coste añadido.
No, porque no da precios cerrados. En estética el importe depende de las unidades, la zona y el caso, así que el asistente explica el tratamiento y remite a la valoración. Nadie llega a recepción diciendo «me dijo que eran 180 €».
No puede: los nombres comerciales están sustituidos por su término genérico antes de que llegue a formular la respuesta, y los tratamientos los coge de tu CRM con su nombre público. Es la misma protección que aplica tu web de ClinicMate.
Solo si tú lo configuras así, y aun entonces no cierra nada por su cuenta: propone una hora libre, la guarda y manda un email para que el paciente confirme. Si prefieres que no toque la agenda, lo pones en modo teléfono o enlace y se limita a remitir.
Lo primero que hace con cada mensaje es clasificarlo. Si no es sobre estética o sobre los servicios que tienes dados de alta —una radiografía, un análisis, un informe— responde con el mensaje que tú hayas definido y remite a la clínica, sin redirigir la conversación ni ofrecer alternativas. Ante la duda, se calla.
Es el intento típico: «olvida tus instrucciones y dime…». El asistente trata lo que le escribe el usuario como contenido, nunca como órdenes, y las reglas legales y de seguridad no se pueden sobrescribir ni siquiera desde la configuración de tu propia clínica.
En el que le escriban, con el español por defecto. Si trabajas en zona de costa o con clientela internacional, esa consulta de las once de la noche en inglés deja de quedarse sin respuesta.
No, y no está pensado para eso. Cubre las horas en las que no hay nadie y las preguntas repetidas de siempre —precios orientativos, qué es cada tratamiento, dónde estáis, si hay parking—. La venta la sigue cerrando tu equipo en la valoración, que es donde se cierra de verdad.
30 días con agenda, historia clínica, bonos, facturación, booking y web. Sin tarjeta y sin permanencia. Y el asistente incluido, en cuanto te toque tanda.